C U E N T O S



Visiones de granada / La Suma Sacerdotisa

—Lo que tienes que hacer —me dijo mirándome con esos ojos azules que me estremecían —es consumir la pulpa de una granada madura mientras estás metida en el río durante la próxima luna llena.
Sentí miedo, desde todo punto de vista aquello era brujería. Él pareció leer mi mente, deslizó su mano por mi mejilla y agregó:
—Si quieres descifrar el mensaje de la Sacerdotisa, esa es la manera.

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Pronto volverá la niebla II / El Mago

El hallazgo de esta carta me impresionó de tal modo que olvidé darle comida a Atila. Caminé a mi remolque absorto en la contemplación de la imagen, era evidente para mí la coincidencia entre los objetos que estaban sobre la mesa del Mago y los que la muerte me había legado: la moneda, el cáliz y el báculo, pero me faltaba la espada. Por la noche, sentado afuera del remolque, contemplaba la carta cuando el sonido de una voz masculina me sobresaltó: “Como es arriba es abajo”…

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Pronto volverá la niebla / El Mago

Ese fue un año extraño, la primavera tardaba en llegar, el final del invierno trajo más niebla de lo habitual, como si todo lo que aconteciera debiera permanecer oculto bajo un velo. Tal vez eso influyó en que papá tomara la decisión de suicidarse, esa fue la primera vez que vi la muerte…

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No toda caída es la muerte / El Loco

Dijeron que yo maté a toda la familia: a las dos niñas, al niño, a los padres, incluso a los peluches. Cuando la policía me encontró yo estaba inconsciente, más tarde supe que tenía las manos manchadas de sangre y un fuerte golpe en la cabeza, culpable de la amnesia que todos creyeron que fingía para evadir la condena…

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Mamá Gallina

Mamá Gallina vio pasar a los dos hombres, no tendrían más de treinta, uno de ellos gritó “Adiós Mamá Gallina”, “Adiós mi amor”, contestó ella con la lengua pesada. Le hubiera gustado estar con alguno, en cambio tendría que irse con los dos que tenía al lado, atendería a uno primero y al otro después, eso de estar con los dos a la vez no iba con ella. “Soy de la vieja escuela”, decía siempre, “no hago vainas raras”.

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Los escritores solo matan en las páginas

“Lo que más me gusta de ti”, le había dicho ella en reiteradas ocasiones, “es que esperas a que yo acabe para venirte”. Así era él, no podía acabar si ella no lo hacía. Eso las volvía locas a todas, no importaba cuánto duraran ellas en alcanzar el punto en que ya no resistían el placer, él tenía la capacidad de postergar el suyo…

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