Las desarraigadas

La primera mentira que te dije fue mi nombre. No me llamo Marcela, ese nombre que tantas veces susurraste mientras me llenabas de caricias, soy simplemente Elena. ¿Qué te parece? ¿Te gusta o lo detestas? Mi apellido tampoco es Sanojo, en realidad no tengo apellido. Soy Elena a secas. Marcela Sanojo existió, fue real, la conocí hace muchos años, espero que eso te sirva de consuelo…

En clave barroca

Una vez el Libertador me pidió que bailara con él. Yo estaba nerviosa, claro, y hubiera preferido no hacerlo, pero era el Libertador, así que estiré mi mano hasta alcanzar la suya, él la sujetó con firmeza, pero sin hacerme daño, y me guió hasta la zona de baile; luego de asegurarse de que yo tomara mi lugar en la hilera de las damas, tomó su lugar, frente a mí, en la de los caballeros…

Cuando las paredes queden libres

Adán bajó los escalones de prisa, sintiéndose invadido por una urgencia que lo conducía sin remedio hacia Eva. Siempre Eva… y aquella indiferencia de sus ojos cuando estaban juntos, aquel negarse a sentir las manos de él sobre su piel. Ella rehusaba ser tocada y a él se le iban las horas inmerso en el deseo de tocarla. Aquel aroma, tan de ella, lo embriagaba…