Yo sirena

¿Y si tú
que apenas me supiste
escapaste de la Tierra Prometida
y llegaste a mí
derramando a mis pies la promesa
de todos los orgasmos
haciéndome temblar
ante la visión de un sinfín de noches
con tu cuerpo y el mío reinventando
el ritual de la semilla en el cáliz?

Los escritores solo matan en las páginas

“Lo que más me gusta de ti”, le había dicho ella en reiteradas ocasiones, “es que esperas a que yo acabe para venirte”. Así era él, no podía acabar si ella no lo hacía. Eso las volvía locas a todas, no importaba cuánto duraran ellas en alcanzar el punto en que ya no resistían el placer, él tenía la capacidad de postergar el suyo…

S.O.S

Era un hombre violento. Nunca me golpeó con las manos, pero lo hizo de otras formas más hirientes. En la cama era un bestia, disfrutaba haciéndome daño, jamás olvidaré nuestra noche de bodas, cuando me infligió reiteradas veces un dolor insoportable, como si fuera un inquisidor empeñado en arrancarme una confesión…