Hacedoras: mil voces femeninas por la literatura venezolana

Con mi cuento Cuando las paredes queden libres, tengo el honor de formar parte de estas hacedoras que con su magia, su sentir y su pluma construyen mundos posibles e imposibles gestados con polvo de galaxias y el rocío sideral que exudan las palabras cuando de ellas se exprime la savia poética.

Germinar el desierto / La Emperatriz

Días después, durante la noche, sucedió algo inusual: llovió. Apenas rompí fuentes se desató una lluvia torrencial que amenazaba con llevárselo todo. Caí al suelo con un grito de dolor, Ernesto me cargó y me llevó hasta la cama. No había ni un ápice de angustia en su rostro.
—No me dejes morir —le suplicaba yo.
—Tranquila, no morirás, te necesitamos para que sigas dando vida…

Visiones de granada / Suma Sacerdotisa

—Lo que tienes que hacer —me dijo mirándome con esos ojos azules que me estremecían —es consumir la pulpa de una granada madura mientras estás metida en el río durante la próxima luna llena.
Sentí miedo, desde todo punto de vista aquello era brujería. Él pareció leer mi mente, deslizó su mano por mi mejilla y agregó:
—Si quieres descifrar el mensaje de la Sacerdotisa, esa es la manera.

Pronto volverá la niebla II / Mago

El hallazgo de esta carta me impresionó de tal modo que olvidé darle comida a Atila. Caminé a mi remolque absorto en la contemplación de la imagen, era evidente para mí la coincidencia entre los objetos que estaban sobre la mesa del Mago y los que la muerte me había legado: la moneda, el cáliz y el báculo, pero me faltaba la espada. Por la noche, sentado afuera del remolque, contemplaba la carta cuando el sonido de una voz masculina me sobresaltó: “Como es arriba es abajo”…

No toda caída es la muerte / Loco

Dijeron que yo maté a toda la familia: a las dos niñas, al niño, a los padres, incluso a los peluches. Cuando la policía me encontró yo estaba inconsciente, más tarde supe que tenía las manos manchadas de sangre y un fuerte golpe en la cabeza, culpable de la amnesia que todos creyeron que fingía para evadir la condena…

Te compro tu dólar

Se sube a la camioneta con semblante lastimero y voz apagada, comienza su monólogo: “Señores, yo sé que esto es fastidioso, a mí me da pena, pero no me queda de otra. Lo que pasa es que yo cometí un error ¿ves?…” Pasea la vista por los pasajeros buscando empatía, lo miro de reojito. Tiene el cabello grasiento, se ha bajado la mascarilla por debajo de la nariz y lleva gorra. ¿Cuál fue el error?

Mamá Gallina

Mamá Gallina vio pasar a los dos hombres, no tendrían más de treinta, uno de ellos gritó “Adiós Mamá Gallina”, “Adiós mi amor”, contestó ella con la lengua pesada. Le hubiera gustado estar con alguno, en cambio tendría que irse con los dos que tenía al lado, atendería a uno primero y al otro después, eso de estar con los dos a la vez no iba con ella. “Soy de la vieja escuela”, decía siempre, “no hago vainas raras”.