El cazador

Soñaba yo con un cazador, era un sueño heredado de mi padre, de mi abuelo, un sueño que remontaba nuestro linaje masculino, donde un hombre armado deseaba arrebatarnos la vida. Las osas no lo tenían, yo lo tuve desde osezno, al principio me angustiaba y buscaba el refugio tibio de mi madre, cuando fui adulto y tuve que arreglármelas por mi cuenta continué teniéndolo, pero le fui perdiendo el miedo. Ya no solo veía al hombre cuando dormía, sino en cualquier momento, podía ser atrapando salmones, comiendo bayas o retozando en algún atardecer.

La obsesión por matarme había consumido la paz del cazador. Él también me soñaba, una vez tuve una visión suya soñando que finalmente me segaba la vida; lo vi despertar bañado en sudor. Me inspiraba algo muy parecido a lo que sentía cuando veía algún animal herido en el bosque y lo sabía condenado. Hasta que un día el condenado fui yo, me herí una pata con algo punzante, al principio no pasó de ser otro rasguño, pero con los días el dolor fue aumentando y supe que no hibernaría en invierno. Aún era primavera cuando con la vista nublada sentí que el cazador se hallaba cerca, llegó hasta mi nariz una mezcla de locura y desesperanza y ya no me cupo la menor duda. Tenía que encontrarlo.

Lo contemplé de lejos, me buscaba, era muy ruidoso, no hubiera podido cazar nada con su paso torpe y sus ansias de sangre, todas las criaturas lo presentían con antelación, el viento diseminaba su aroma por el bosque cargado de un ansia letal. Un hombre que desea por trofeo la cabeza de otro ser vivo es el más peligroso de los depredadores.

Bordeé la montaña y sigilosamente aparecí a su espalda, no me sintió llegar, se veía muy nervioso, transpiraba, cualquier leve sonido lo llevaba a aferrarse con más fuerza a su arma. Esperé. Finalmente algo debió avisarle de mi presencia porque volteó dejando al descubierto sus ojos anegados de pánico. Pareció dudar. Rugí. Tembló como lo habían hecho sus ancestros ante los míos. Di un paso hacia él, escuché la detonación, luego me envolvió una niebla oscura. Lo sentí sollozar antes de rendirme. Lo sabe, aunque no quiera saberlo: antes de que sus días terminen será un cazador cazado.

©Nidesca Suárez

Publicado por Nideska Suárez

Escritora venezolana

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